viernes, 8 de febrero de 2008

¡Y que churros!


Quien nos iba a decir que estos churros nos iban a dar tantos problemas.

Bueno, primero me presento. Me llamo Coral, y la semana pasada, fui al parque de atracciones que había cerca de mi pueblo con mis amigas.

Allí compramos unos churros, y empezamos a comérnoslos.
Yo, noté que el churro que entonces me metía a la boca, estaba más duro de lo normal. Y lo tiré a la basura.

Por otro lado, una señora llamada la señora Celeste, buscaba su anillo de topacio que le había costado muy caro según ella, aunque yo pienso que con lo que ganaba, no le supondría mucho dinero.
También el señor que estaba en la tienda de churros, buscaba un anillo, ¡y que casualidad, también de topacio!

Desde ese momento, pensé en que eso no era una simple coincidencia, si no que los dos buscaban el mismo anillo.
Así que empecé a interrogarles uno por uno.

Primero interrogué al señor del puesto de churros, y me dijo que él si no encontraba el anillo que buscaba, no podría comprar más comida que unos simples churros y alguna que otra rosquilla.

Después, fue el turno de la señora Celeste, y comentó que ella se había puesto el anillo, y después de comerse unos churros, se le había caído y como ella no veía muy bien, no sabía donde había caído su preciado anillo.

Más tarde pensé en donde se podía haber caído. De repente, me vino a la cabeza el churro que tiré a la basura.

- ¡Claro! Exclamé.

A la señora Celeste se le había caído el anillo en la masa de los churros.
Y el señor de la churrería lo encontró, por eso se lo quedó, para pagar sus gastos.
Pero se le volvió a caer a la masa de los churros.
Desde entonces se pusieron a buscar el anillo los dos a la vez.
Entonces, el anillo debería de estar…
En el churro que tiré a la basura por que estaba duro.

Corrí hasta la papelera, cogí el churro y le saqué el anillo.
Hay estaba, la señora Celeste llegó enseguida y me miró muy enfadada.
Ella pensó que yo había escondido el anillo, y me las apañé para explicarle que todo había sido culpa de los churros.

¡Los churros son los culpables, ellos han raptado el anillo!

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